miércoles, 22 de junio de 2016

Fuerza gravitacional

Y entonces llegó él,
y arrancó de raíz todos los cerezos de Neruda,
el cielo de la rayuela de Cortázar,
el Nueva York de Lorca.
Rompiendo toda tregua que nos trajo Benedetti,
acompañando todas las soledades de Machado.

Y me desabrochó la vida a dentelladas,
y el corazón a fuerza de marea en luna llena,
y yo, más menguante que creciente,
salí volando, exiliada por el miedo,
creyéndome poeta en plena Guerra Civil,
conmigo misma,
entre la libertad
y las cuerdas que colgaban de sus labios.


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