domingo, 13 de diciembre de 2015

La devaluación de las heridas

Quién supiera reír
como llora Chavela.
Joaquín Sabina

Mañana vienen los de la mudanza a llevarse tus restos, y yo huyo a otro país por fin. Esta es la última noche que paso entre las ruinas de esto que un día llamamos nuestra vida, así en conjunto, cómo si alguno de los dos pudiera formar parte del otro sin morir en el intento o sin joderlo todo.

He encontrado tu hierba detrás de tus discos de Sabina, sobre el último libro de poesía que me recitaste, y me la he fumado como gesto estúpido de despedida, lo raro es que me sentía más cerca de ti a cada calada; cómo despedirse de algo que en vez de alejarse se acerca, supongo que ese fue nuestro gran fallo, nuestro otra vez, como si hubiese algo que tú y yo pudiésemos compartir sin demolerlo en el intento, y como si ese hubiese sido el único puto fallo de nuestra vida, ojalá, joder. A lo que iba, que supongo que ese fue nuestro gran fallo, el decirnos adiós con la boca y follarnos con los ojos, o al revés.

No sé cómo he acabado abriendo el libro, y de repente todas mis heridas se han abierto con él, y cómo escuece la sal en las mejillas desde que ya no se ponen rojas por ti. Me he encontrado tus poemas entre las páginas de Salem, el amor es el crimen perfecto decía, cuanta razón. Lo he quemado todo. Le he dado al play al Este boca es mía, y en la mía otra calada. Y he seguido metiéndote en cajas que tirar a la basura.

Huele a papel quemado, a maría y al frasco de colonia que acabo de estampar en la pared, en fin que todo huele a ti.

Me voy a correr por última vez en este colchón a tu salud, no he sido capaz de deshacerme de él, sigo ocupando el mismo lado de la cama, y me averguenzo de mí misma cuando hay noches que me quedo dormida pensando que en cualquier momento volverás de currar, te tumbarás a mi lado y me abrazarás por la espalda, y me despertarás a gemidos por la mañana. Me doy asco. Y te odio.

En cuatro horas despega mi avión, sin ningún por qué ni para aterrizar ni para quedarme, supongo que lo que quiero es un vuelo infinito a ninguna parte, pero este vuelo tiene a Noruega de destino, simplemente para poder engañarme diciendo que el frío viene de fuera y no de dentro, de mí.

Tus camisetas de rock de los 80, tus fotos de todas aquellas noches de slam por Malasaña en las que nos conocimos, tus vinilos de Nirvana, tus discos de Extremo, tu juego de llaves en el bolsillo de un abrigo que te dejaste olvidado en mis abrazos, tus vicios, mis precipicios, las sonrisas, las heridas, las facturas que nunca pagaremos, las fracturas de este invierno que dura tres veranos, los imanes en la nevera (vacía) de todas aquellas ciudades a las que nunca fuimos, el vacío de un dormitorio donde ya no duerme nadie.

La devaluación de las heridas;
como si la belleza no estuviese en el daño
pero sí en su cicatriz.


Desde el olvido, con amor.
Hacia el odio, sin recuerdo.

Hasta nunca, para siempre.



1 comentario:

Elena A. dijo...

Desgarrador. Me ha encantado, como siempre <3