jueves, 9 de abril de 2015

Pesa, di ya

No sé que me pasa últimamente, duermo cinco horas cada dos días, y eso si es un buen día. Me acuesto, tarde o demasiado pronto, y el dormir se hace pesadilla antes de empezar, después de pensar quizá, por eso le estoy cogiendo miedo a eso de acostarme, al menos solo, y cada vez lo intento menos. Me levanto, me enciendo un cigarro, saco las piernas por la ventana siempre abierta y me acomodo en el alféizar, últimamente este es mi lugar favorito de Madrid, y hablando de ella, no sé si es que de repente se puede ver el mar desde esta ciudad o una lágrima cabrona ha empezado a salir sin avisar, sin permiso, tan como yo, en todo, con todos. Qué esperaba. La calle está desierta, ciudad que nunca duerme de qué, vaya mentira, por no funcionar no funcionan ni las farolas a estas horas, pero mejor, al menos se ven un par de estrellas. Déjate de gilipolleces y vete a dormir. Lo intento, de verdad, pero cuando me quiero dar cuenta, o sin querer, ya ha amanecido y yo sigo aquí, mirando al techo, observando esa gotera con forma extraña que me digo que tengo que arreglar, me lo apunto en mi lista mental de cosas que arreglar que nunca arreglo y que me importan una mierda. Y me levanto, otro cigarro, al final llego tarde a trabajar, verás, ni me ducho, no hay tiempo, ni ganas, ni razón. Me visto y adiós. Demasiadas horas después estoy aquí de nuevo, con una cerveza y seis cubatas de más, bueno, tú no estás aquí así que quizás de menos, quizás he vuelto demasiado pronto. Me quito la ropa y me acuesto, todo me da vueltas, dentro y fuera de mi cabeza, no sé cómo me duermo, pero el sueño es pesadilla y despierto; 

han tenido que pasar cinco horas, media vida y un mal sueño para darme cuenta, pero ya lo sé: me has jodido, hija de puta, sin ti desnuda en mi cama yo ya no puedo soñar.


Otro cigarro, y otro whiskey, por favor, doble de recuerdos.


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