domingo, 10 de diciembre de 2017

libros que leí en el otoño que nunca existió

mis veintiséis años, la mala manía de la nostalgia, mi primer contrato indefinido, el no llorar de los árboles para llorarlo todo en este diciembre helado, mi crisis existencial que es un tornado en el que a veces consigo coger aire y que la mayoría del tiempo me arrasa, un valladolid radiante de felicidad, el calor asfixiante que alumbró mis velas en pleno octubre y mientras tanto también Escandar Algeet, María Sotomayor, George Orwell y Virgina Woolf:


1. LA RISA FÉRTIL - ESCANDAR ALGEET: él se enamoró de la poesía de mano de Benedetti y yo gracias a él, qué decir si todo lo que dice rebosa humildad, bondad, intimidad y verdad, la risa de este libro quizás es fértil por todas las lágrimas que derramé leyendo, lágrimas de fénix, de las que curan sangrando.


"la risa inútil y vana 
la fugaz risa 
la risa que no vale nada 
y sin embargo arrasa 
tu risa la suya la vuestra risa 
de flor y carcajada 

la amarga risa dulce de río 
y ríes en un rizo 
de fuerza y ganas

la risa fértil 
que hace de la mierda abono 
y de la muerte: semilla 
salvaje en su melodía de tempestad 
y fuego lento 
adentro del pecho nos late 
afuera la voz y el viento 
nos gritan 
¡hay una niña que nace! 
por la vida, mi amor, por la vida."

2. LA PACIENCIA DE LOS ÁRBOLES - MARÍA SOTOMAYOR: otro disparo al alma, ha sido un otoño de arrasarlo todo desde dentro para volver a sembrar, este libro es un duelo por la pérdida de aquellos que dieron su vida por nuestra risa, nuestras raíces, los robles que nos sostuvieron en pie cuando ni siquiera sabíamos que estábamos cayendo, y caímos tanto cuando los perdimos que por fuerza tuvimos que aprender a volar.

"querido cisne, árbol, abuelita mía
por qué no sales ya del cuadro
por qué es tan dura la enfermedad
por qué no tengo la dureza del invierno
para troncharte el cuello
que no todo es hermosura
y decirle a mamá que no pasa nada
que los tiempos de la memoria
terminaron tapándose los ojos en un desmayo
a base de tu espalda jorobadita de mujer cansada
que el árbol tiene nombre de árbol
piernecitas frías
y la muerte por delante es una increíble paciencia antigua
en este nuestro sentir de árboles   míos   míos no"


3. CONTRA EL SILENCIO - LUNA MIGUEL, IRENE X, ELENA MEDEL, ESCANDAR ALGEET Y ANA PÉREZ CAÑAMARES: huele a clandestino y en él reflejada la belleza pura de las palabras, nunca tanta metáfora tan bonita tanta vida, antología de amor, dolor y revolución. y muy especialmente se me ha anclado "La muerte de una polilla" de Luna Miguel.


4. UNA HABITACIÓN PROPIA - VIRGINIA WOOLF: dice Escandar que ser valiente en un mundo de hombres es ser mujer, y cuánto mundo y cuánta historia y tantas pocas mujeres, y tantas pocas palabras, Virginia fue una por encima de todo, mujer valiente, mujer llena de vida, mujer llena de verdades, mujer abriendo camino a todas las mujeres, mujer, mujer, nunca una palabra tuvo tanta fuerza, mujer orgullosa de ser mujer, mujer en un mundo de mujeres, cómo no sentirse agradecida cuando escribo esto desde mi habitación propia y nunca como ahora tuvo tanto valor para mí.


5. REBELIÓN EN LA GRANJA - GEORGE ORWELL: qué triste que los cerdos siempre estén en el poder, qué triste que seamos, como sociedad, tan manipulables, qué pena que esto que se escribió hace más de cincuenta años siga tan vigente hoy.


"Nunca habían visto que los animales se comportaran de esa manera, y el repentino levantamiento de criaturas a las que estaban acostumbrados a golpear y maltratar con impunidad les hizo temblar de miedo."

domingo, 15 de octubre de 2017

petenera

cómo hablar de cicatrices cuando nunca has dejado de reabrir la herida, de reavivar la llama con la sal marina de los ojos azules del sediento desierto que has sido toda tu vida.

cómo hablar de cicatrices si de tus heridas no brota sangre sino escarcha; quién quisiera vivir en tu perpetuo invierno.

cómo hablar de cicatrices si nunca se te dieron bien los puntos, ni los seguidos, ni el final, ni el punto muerto en el que vives.

cómo hablar de cicatrices si de cada orificio de bala te nacieron flores.

cómo hablar de cicatrices si con todo tu dolor abonaste un jardín donde forjaste las plantas a base de agua salada, donde usaste el fuego para arrasar la buena hierba mientras que dejaste salvaje la mala, tu alma.

cómo hablar de cicatrices si de cada golpe hiciste brotar una raíz.

lunes, 13 de marzo de 2017

Pochemuchka (MERAKI: CAPÍTULO III)

Ya ha pasado un mes desde aquel día y no he vuelto a saber nada de él, yo tampoco le  he dado señales de vida, tampoco sabría muy bien cómo hacerlo. La calma después de la tormenta, supongo, ponerle yeso a todos mis cimientos agrietados.

He vuelto a ir a la universidad, sólo para descubrir que quiero dejarla definitivamente. Si algo me ha enseñado la muerte de Fred es a no perder el tiempo con lo que no quiero. Parece que estoy empezando a remontar, ya sabéis, el rollo de fénix que tanto me gusta, resurgiendo una y otra vez, a pesar de todo, aprendiendo a volar de nuevo y toda esa mierda.

Quizás por eso he conseguido reunir fuerzas y volver a casa, a la de verdad, a la del olor a lavanda y mar, la de la chimenea siempre encendida con el calor familiar. La del aluvión de besos y preguntas de mi madre.

La última vez que hice el trayecto Berlín-Rostock, mi ciudad natal, fue para despedirme de él para siempre. La primera vez que hice el trayecto Rostock-Berlín él iba conmigo; teníamos diecisiete años y unas increíbles ganas de sentirnos vivos. Habíamos mentido a nuestros padres para poder escaparnos al concierto de Blue October y de paso pasar el fin de semana en la capital que tan poco conocíamos por aquel entonces. Me duele cada minuto que paso en este tren, el fénix todavía es pequeño como para prender fuego a los recuerdos y se los tiene que tragar como cristales que le van desgarrando a medida que los mastica.

Para ser sinceros, estoy acojonada, el hecho de tener que ponerme de nuevo el disfraz de Val comido por las polillas de la falsa ingenuidad, fingir que todo va bien, sonreír todo el tiempo a todo el mundo, hacer como que sé qué estoy haciendo con mi vida, cuando lo único que sé es que estoy sobreviviendo y sin saber si quiero hacerlo.

Pero entonces veo como se ilumina la mirada perdida de mi abuela cuando llego a casa y es como tocar tierra firme después de un naufragio. Me come a besos y yo a ella y me agarra las manos con la fuerza de todas las palabras que le gustaría decir pero que hace muchos años ya que no puede. La verdad es que a veces me pregunto si no se alegrará siempre tanto de verme porque me confunde con el fantasma de su hijo (mi padre) muerto demasiado joven. Y casi prefiero que se reencuentre con él que conmigo.

No me ha dado ni un beso todavía y a mi madre ya le ha dado tiempo a preguntarme todo lo que tenía pendiente desde que me fui. Me abraza y tengo que reunir todas mis fuerzas para no volver a tener diez años y no querer separarme nunca de su lado.

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No he sido capaz ni siquiera de estar unas horas aquí sin ir a verle, yo sé que él no está aquí, sé que es uno de los tantos engaños que usamos los humanos para reducir el dolor, pero aquí estoy con su flor favorita en las manos de espaldas a una tumba mal cuidada. Hablando al aire como queriendo salir volando:

Te echo tanto de menos, Fred. Te necesito para que me ayudes a responderme a todas las preguntas que no dejo de hacerme y que antes te hacía a ti, y me siento estúpida y egoísta, e inútil. Y culpable. Muy culpable. Toda la vida hablándote de suicidios, del mío, y al final tu mente iba mil precipicios por delante de la mía. Y yo sin verlo, egoísta, egocéntrica, lo siento. Siento haber huido de este sitio pensando sólo en mí, como siempre, lo siento y a la vez estoy tan cabreada contigo por hacer lo mismo. Estoy sola, Frederick, estoy jodida. Val, la eterna incomprendida con su halo de misterio cuyo único misterio es el miedo, el miedo a todo que sólo desaparecía contigo.

Últimamente estoy pensando demasiado en todo lo que quisimos hacer y nunca hicimos y lo voy a hacer Fred, lo juro, por ti, por mí, por eso vengo a despedirme, vienes conmigo, estoy segura, siempre lo has hecho. Pero esta vez echando a volar, juntos, como cuando saltábamos desde las rocas al mar y éramos libres siendo cuerda a la vez uno del otro, libres, nos gustó tanto siempre esa palabra que nunca disfrutamos del concepto, pero lo voy a hacer, en serio, te lo debo, joder, nos lo debo. Me has vuelto a empujar a la vida, como siempre. Lo siento, lo sabes, ¿no? Seguro que sí, siempre estabas en mi mente antes de que yo llegara.

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De vuelta a casa, con el sabor a sal pegado al cuerpo, me llama Reidar, como si tuviese un piloto de emergencia cada vez que me voy a desplomar; pero no quiero, éste momento es de Fred y mío desde el comienzo hasta el final de las lágrimas, y quiero recordarlo tal cual somos, los invencibles vencidos.