domingo, 14 de enero de 2018

carta abierta a todas mis heridas cerradas

Otra vez recorriendo el bosque en tinieblas que soy yo, que es mi mente. Llevo tanto tiempo sin pasar por aquí que ya no hay sendero, es todo maleza, tengo que ir apartando todas las telarañas, me enredo con las espinas como lazos del diablo que me asfixian y se me llenan las manos de rosas marchitas a las que sólo mi sangre les devuelve el color rojo.

Como siempre huele a hierro, siempre en mí huele a hierro, supongo que mi supuesta dureza viene de ahí. También huele a quemado, y no se por qué; sigo abriéndome camino entre nudos de sauce que ya no tienen a quién llorar, voy encontrando todos mis cadáveres a mi alrededor, astas de ciervo unidas a cráneo de ciervo que no sobrevivió a esta inanición en la que dejé a mi alma.

Este bosque siempre había vivido en un eterno atardecer y ahora es todo noche cerrada sin luna, me envuelve la bruma como si fueran todas las dudas que siempre aparté por no saber responder, me quedé sin fuerzas para seguir manteniendo este bosque puro, lo único puro que quedaba en mí, y lo convertí en mi vertedero. 

También huele a sal, siempre huele a sal, lágrimas que antes fueron curativas ahora abrasan como el fuego, como ese fuego que huele y no sé dónde está. 

Oigo el aullido lastimero de los lobos famélicos que me van rodeando en la oscuridad y no se atreven a lanzarse a mi cuello; tantísimo miedo da mi interior.

Cuanto más cerca estoy del fuego más frío me envuelve, se me van congelando las lágrimas y suenan como cristales rotos cada vez que caen al suelo, voy descalza, me voy tiñendo de rojo.

Más cerca del fuego, más frío, más rojo.

Y de repente todo es luz, todo el rojo sangre ahora es rojo fuego, estoy más y más cerca, estiro mi brazo lleno de arañazos, de hierro y de flores muertas, estiro mi brazo y toco el fuego, y yo también soy fuego, y acarició las plumas del fénix mientras muere, y el fuego somos los dos, y el fuego es el bosque, y el aullido de los lobos resuena atronador mientras se abrasan, todo el bosque es rojo, el cielo es fuego, el otro lado de la luna es el sol.

Todo es ceniza, el fénix murió y esta vez no resurgirá.

El roble no sobrevivió a mi incendio,
tampoco quiso.

domingo, 10 de diciembre de 2017

libros que leí en el otoño que nunca existió

mis veintiséis años, la mala manía de la nostalgia, mi primer contrato indefinido, el no llorar de los árboles para llorarlo todo en este diciembre helado, mi crisis existencial que es un tornado en el que a veces consigo coger aire y que la mayoría del tiempo me arrasa, un valladolid radiante de felicidad, el calor asfixiante que alumbró mis velas en pleno octubre y mientras tanto también Escandar Algeet, María Sotomayor, George Orwell y Virgina Woolf:


1. LA RISA FÉRTIL - ESCANDAR ALGEET: él se enamoró de la poesía de mano de Benedetti y yo gracias a él, qué decir si todo lo que dice rebosa humildad, bondad, intimidad y verdad, la risa de este libro quizás es fértil por todas las lágrimas que derramé leyendo, lágrimas de fénix, de las que curan sangrando.


"la risa inútil y vana 
la fugaz risa 
la risa que no vale nada 
y sin embargo arrasa 
tu risa la suya la vuestra risa 
de flor y carcajada 

la amarga risa dulce de río 
y ríes en un rizo 
de fuerza y ganas

la risa fértil 
que hace de la mierda abono 
y de la muerte: semilla 
salvaje en su melodía de tempestad 
y fuego lento 
adentro del pecho nos late 
afuera la voz y el viento 
nos gritan 
¡hay una niña que nace! 
por la vida, mi amor, por la vida."

2. LA PACIENCIA DE LOS ÁRBOLES - MARÍA SOTOMAYOR: otro disparo al alma, ha sido un otoño de arrasarlo todo desde dentro para volver a sembrar, este libro es un duelo por la pérdida de aquellos que dieron su vida por nuestra risa, nuestras raíces, los robles que nos sostuvieron en pie cuando ni siquiera sabíamos que estábamos cayendo, y caímos tanto cuando los perdimos que por fuerza tuvimos que aprender a volar.

"querido cisne, árbol, abuelita mía
por qué no sales ya del cuadro
por qué es tan dura la enfermedad
por qué no tengo la dureza del invierno
para troncharte el cuello
que no todo es hermosura
y decirle a mamá que no pasa nada
que los tiempos de la memoria
terminaron tapándose los ojos en un desmayo
a base de tu espalda jorobadita de mujer cansada
que el árbol tiene nombre de árbol
piernecitas frías
y la muerte por delante es una increíble paciencia antigua
en este nuestro sentir de árboles   míos   míos no"


3. CONTRA EL SILENCIO - LUNA MIGUEL, IRENE X, ELENA MEDEL, ESCANDAR ALGEET Y ANA PÉREZ CAÑAMARES: huele a clandestino y en él reflejada la belleza pura de las palabras, nunca tanta metáfora tan bonita tanta vida, antología de amor, dolor y revolución. y muy especialmente se me ha anclado "La muerte de una polilla" de Luna Miguel.


4. UNA HABITACIÓN PROPIA - VIRGINIA WOOLF: dice Escandar que ser valiente en un mundo de hombres es ser mujer, y cuánto mundo y cuánta historia y tantas pocas mujeres, y tantas pocas palabras, Virginia fue una por encima de todo, mujer valiente, mujer llena de vida, mujer llena de verdades, mujer abriendo camino a todas las mujeres, mujer, mujer, nunca una palabra tuvo tanta fuerza, mujer orgullosa de ser mujer, mujer en un mundo de mujeres, cómo no sentirse agradecida cuando escribo esto desde mi habitación propia y nunca como ahora tuvo tanto valor para mí.


5. REBELIÓN EN LA GRANJA - GEORGE ORWELL: qué triste que los cerdos siempre estén en el poder, qué triste que seamos, como sociedad, tan manipulables, qué pena que esto que se escribió hace más de cincuenta años siga tan vigente hoy.


"Nunca habían visto que los animales se comportaran de esa manera, y el repentino levantamiento de criaturas a las que estaban acostumbrados a golpear y maltratar con impunidad les hizo temblar de miedo."

domingo, 15 de octubre de 2017

petenera

cómo hablar de cicatrices cuando nunca has dejado de reabrir la herida, de reavivar la llama con la sal marina de los ojos azules del sediento desierto que has sido toda tu vida.

cómo hablar de cicatrices si de tus heridas no brota sangre sino escarcha; quién quisiera vivir en tu perpetuo invierno.

cómo hablar de cicatrices si nunca se te dieron bien los puntos, ni los seguidos, ni el final, ni el punto muerto en el que vives.

cómo hablar de cicatrices si de cada orificio de bala te nacieron flores.

cómo hablar de cicatrices si con todo tu dolor abonaste un jardín donde forjaste las plantas a base de agua salada, donde usaste el fuego para arrasar la buena hierba mientras que dejaste salvaje la mala, tu alma.

cómo hablar de cicatrices si de cada golpe hiciste brotar una raíz.